El proceso creativo se enraíza en nuestra infancia, mucho antes de enfrentarnos a la tela en blanco.
La tela en blanco nos permite evidenciar nuestras habilidades y nuestros bloqueos, aspectos que simplemente se pueden trabajar.
Reforzar la autoestima y valorizar la intuición es un excelente camino.
Filosofía del Taller
El concepto fundamental del taller se basa en desarrollar la estética de cada uno de los alumnos, despojándonos de nuestros prejuicios para llegar a nuestra esencia y nuestro centro, teniendo como objetivo la satisfacción al trabajar. Aprender a dialogar con la obra y así lograr su desarrollo, alejándonos de lo anecdótico logrando la autenticidad máxima
La obra se ordena del centro del artista hacia fuera, es la emoción lo que nos asegura la genuinidad de la obra. Descubrir y asumir quienes somos mostrándolo plásticamente. Nos centramos en una descodificación personal, minuciosa y persistente.
En arte nada es estático, todo es afectado por su entorno y sus circunstancias, dentro de ese dinamismo debemos hacer que nuestro mensaje funcione plásticamente.
El placer estético, el goce, acercarnos plásticamente a lo que sentimos. Crear un espacio interno para existir libremente, sin prejuicios ni ataduras. En esa libertad radica una de las piezas más difíciles y fundamentales del valor de esta muestra. Intuición, aceptación, superación, son elementos cotidianos a trabajar. Haciendo que el arte desde ese lugar sea un camino sanador y evolutivo.
Generar un dialogo abierto y fluido para que la obra evolucione. Enfrentarnos a nuestras propias limitaciones para superarnos, una pintura presentita donde trabajamos la relación entre el objeto (la obra) y nuestros sentimientos. El arte vivido desde este lugar es sanador, nos permite evolucionar y trabajar aspectos de nuestra personalidad, nos templa el espíritu. Pero ese camino debe estar sostenido del rigor plástico, del conocimiento y perfeccionamiento técnico.
Crear desde la satisfacción, desde el encuentro con uno mismo, desde la aceptación para la superación frente a un desacierto, desde las capas mas profundas de nuestro ser donde la coordinación del gesto y la emoción se fusionan, o el reflejo fiel de lo que nace en lo profundo de nuestro ser se traduce en una idea.
El dialogo “con lo encontrado en la tela”, es una virtud que se desarrolla, elaborando la transformación constante al que se expone la obra al integrar elementos nuevos.
Si aprendemos a trabajar con nuestro verdadero sentimiento en el proceso creativo, tendremos la llave de oro para poder desarrollar nuestro camino.
Con este punto de vista, las cosas no son de una forma, el desafió es encontrar la forma de hacer funcionar lo que verdaderamente necesitamos.
En todo momento debemos contar con la intuición como guía, para eso hay que fortalecerla y el clima que debemos propiciarnos debe ser permeable, elástico y de amor hacia nuestros logros, entendiendo que la evolución es inherente a nuestro ser e inevitable. Si logramos esto, el clima de trabajo será placentero, y estimulante.
Le llamo intuición a esa voz interna que al mirar lo que estamos pintando nos dice claramente esto si, esto no, en que parte realmente me reconozco, y en que parte me alejo de mi, que me conecta con aspectos positivos y que no… Si nos dejamos guiar, el resultado será genuino, y superador.
Parados en esta ideología las leyes compositivas vuelven a su origen, toman su lugar arquetípico y atemporal. Descubrir los conceptos desde la energía orgánica y no desde un congelamiento intelectual, es el proceso en el que estamos.
Los conceptos intelectuales se traspasan naturalmente cuando conectamos con la esencia de ese mundo intangible, pero tan concreto que se manifiesta en la propia obra. Esto es la fuerza creativa pura, parte del origen mismo.
Parándonos en esta filosofía, se hace sagrado el mensaje de cada uno, encierra un valor único, que muestra gran parte de nuestro ser superior
El camino es llevar a los alumnos-artistas a la introspección para alcanzar el conocimiento en su estado existencial. Es un proceso cognitivo espiritual.
Mis años de taller me han demostrado que los alumnos obtienen desde este lugar rigor plástico, formación y manejo profundo de sus elementos.
Acceden sin dificultad al idioma de la línea, equilibrio, simetría, tensiones, composición…
La diferencia es llegar al conocimiento, percibiendo los movimientos del alma, es ella quien nos guía a través de la intuición y nos conecta al latido y el ritmo vital de nuestro origen.